martes, 7 de junio de 2022

El MEIAC


  A varios cientos de metros de Puerta Pilar en dirección sur se construyó en el siglo XVII un fuerte que por su ubicación sería crucial en la defensas de la ciudad.  El fuerte de Pardaleras después de la guerra de la Independencia de 1812 fue perdiendo protagonismo e inició un periodo de decadencia. A mediados del siglo XIX se inician los trabajos para hacer un nuevo centro penitenciario en el solar del antiguo fuerte, ya que la cárcel que había intramuros en el Palacio de Godoy, hoy Escuela de Idiomas, se había quedado obsoleta. La arquitectura de la cárcel respondía al modelo penitenciario de rotonda (o torre central) y naves radiales inspirado en el panóptico de Bentham. A finales de los años 70 del siglo pasado es abandonada. El complejo penitenciario había sido construido con materiales cuyas carencias recordaban las que fueron propias de la época en que se edificó.



 Obra del arquitecto José Antonio Galea, el proyecto que configura el nuevo museo prescindió de las naves radiales de la antigua cárcel y planteó la creación de un complejo museístico organizado en función de un eje axial y ordenado en tres apartados o zonas diferentes, aunque globalmente integradas: un edificio para la Colección Permanente y las exposiciones temporales, un edificio de uso administrativo y una amplia zona ajardinada. En 1995 se inaugura quedando como recuerdo y homenaje el cilindro central de la antigua cárcel. 
  Su  colección está formada por 1475 obras de artistas de la talla de Luis Buñuel, el Equipo 57, Daniel Canogar, Miquel Navarro, Eduardo Naranjo, Ouka Leele, Daniel Garcia Andujar, Gustavo Romano Juan Barjola o Pablo Palazuelo, además de por otros nombres conocidos del panorama artístico extremeño, español, europeo, americano y asiático.
  El edificio a parte de la colección permanente dispone de áreas de exposiciones, proyectos y área didáctica, actividades y publicaciones y una galería virtual. Las veces que lo he visitado siempre he sentido una especie de soledad ante la magnitud del edificio y la escasa presencia de público. Es una pena pues solo por contemplar la grandiosidad de sus estancias merece la pena visitarlo, aunque la cosa artística no vaya con nosotros.
  
 

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